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La mujer canoa

24 mar. 2017

Si os preguntan qué colectivos son los más discriminados dentro de un deporte ya de por sí minoritario como es el nuestro, ¿qué diríais? Probablemente diríamos que las mujeres kayakistas, o los canoistas, o algunos dirían que eso es mentira y que no hay discriminación a ninguna modalidad.
Las mujeres piragüistas practicamos un deporte tradicionalmente considerado “de hombres”, con la consiguiente discriminación a la hora de los reconocimientos por nuestros resultados, o decirnos que si tenemos buenos resultados es porque somos menos. También parte de las críticas vienen de fuera de nuestro deporte. Socialmente, una mujer desarrollada muscularmente suele sufrir bastantes críticas gracias a los maravillosos estereotipos.
Los canoistas también sufren, sufren mucho. Sufren por entrenar y competir en una postura que no es para nada cómoda, ni sana, para el cuerpo. Tienen un mérito que pocas veces es reconocido, con los mismos argumentos: los resultados vienen porque hay pocos.
En la prensa, en las recompensas económicas de algunas competiciones, en el mismo reglamento, etc, las mujeres y los canoistas estamos siempre por detrás del hombre kayakista.
Pero el tema de hoy no es la discriminación a mujeres kayakistas ni a canoistas, el tema de hoy va sobre todas las valientes que han cambiado sus kayaks (aunque haya muchas que compaginen los dos) por una canoa.
En Asturias, comunidad que presume de referente a nivel nacional en el piragüismo, hay menos de 10 mujeres canoa, incluso me atrevería a decir que hay menos de 5. Como no me gusta escribir de lo que no conozco, respecto a Asturias pondré de ejemplo a tres mujeres muy jóvenes y valientes que compiten en la categoría cadete, y que, al menos a dos de ellas, conozco muy bien, y veo cada día sus progresos y sus mejoras. Ahora mismo tienen la suerte de ser tres, de dos clubes diferentes (Los Gorilas de Candás y la Fertiberia Asociación Atlética Avilesina) por lo que, si las tres salen al agua, sus esfuerzos servirán para ayudar al club. Pero no siempre es, ni ha sido, así. En algunas regatas si una de ellas no sale al agua, lo que hagan las otras dos, su esfuerzo, el de sus entrenadores que están con ellas día a día, no será recompensado en forma de puntos para los clubes. Está claro que el reglamento es el que es, y exige tres deportistas de dos clubes diferentes, pero, como todo cuando empieza, la canoa femenina merece, y necesita, un poco de apoyo, para promocionarse y ayudar a que se extienda.
El año que viene, una de ellas será juvenil, y si no aparece otra mujer canoa juvenil, el año que viene tendrá que competir sola. Igual que si no empieza otra cadete, siendo una y dos respectivamente, en muchas regatas no puntuarán.
Estos días se habló mucho de un caso en Castilla y León, la canoista Paula Domínguez compitió en el Campeonato de Castilla y León de Invierno, en la distancia de 5000 metros. Pero no solo compitió en canoa, compitió también en kayak. Dobló pruebas, siendo probablemente la única del campeonato en hacerlo - salvo veteranos que reman de veterano y de senior -. ¿La recompensa? Se olvidaron de entregarle su medalla de Campeona de Castilla y León, además de que el club no recibió ni un solo punto por tener a una chica campeona de Castilla y León entre los suyos.
Con esto no quiero decir que los puntos sea lo único importante, pero todos sabemos que cuanto más arriba estemos como club en la clasificación, más fáciles - o menos difíciles - vamos a tener las cosas.
En fin, que en Tokio 2020 la mujer canoa será - por fin - olímpica, y si queremos que se repita la gesta de nuestro deporte en Río, debemos apoyarlas más, y apoyar a los clubes, que al fin y al cabo es donde se elige la modalidad de cada uno.

Laura Cabanas Fernández.

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